La aceptación del horror

Aún estoy espeluznado con las imágenes del linchamiento de Gadafi. Una ración de cine «snuff» del subgénero «crímenes de guerra» servido por todas las televisiones y medios del mundo. Me siento horrorizado ante la indiferencia que ideólogos, incitadores y participantes de esta agresión armada muestran al tratamiento inhumano de un cautivo desarmado.  


«La ausencia de crítica de todólogos y editorialistas a la normalización del asesinato extrajudicial y del terrorismo de estado, me aterra», fue mi primera reflexión en 140 caracteres acerca de la normalización del horror institucionalizado y la aceptación de este por parte de sectores que se reclaman en la órbita intelectual de la izquierda. 
Esta complicidad motivada por una buena campaña de desinformación basada en emociones, es una derrota que nos afecta a todos, pues conquista para sus guerras humanitarias a personas de gran peso intelectual y político.
Cuando comenzó la agresión a Libia, en marzo de este año, escribí algo que leí en uno de los pocos actos que se han realizado contra esta guerra de nuevo tipo. Siete meses después, no ha perdido un ápice de actualidad:
“Hiprogresía” en Libia

A pesar de mis sospechas sobre los motivos ocultos de la operación en Libia no voy a hacer un sesudo análisis. Hay gente mejor preparada que nos  ilustra sobre ello. 

Tampoco voy a hacer la declaración previa de repulsa, especie de neo-macartismo que se nos exige al principio de cualquier artículo o declaración al opinar de temas peliagudos como el vasco. Quien tiene que realizar este ejercicio exculpatorio será el que tuvo plantada la jaima en su casa, aquel que recibió regalos equinos o los que firmaron acuerdos petrolíferos y de armamento. Yo no.

Tengo que confesar que estoy horrorizado. No tanto por la demostración de furia militar, como por el plácet otorgado a esta campaña guerrera desde sectores que se dicen humanitarios, pacifistas, verdes o simplemente de izquierdas. 

Hace tiempo leía un artículo que reflexionaba sobre las magnitudes de la muerte, esas que hacen que quien mate a una persona sea odiado socialmente y posiblemente encarcelado y que quien asesina a un millón, acabe siendo respetado e incluso admirado como benefactor de la humanidad.

Sé que la mayoría de la gente que apoya esta intervención militar, supuestamente humanitaria, jamás pondría a un pederasta al cuidado de una guardería o a un asesino machista de portero en una casa de acogida de mujeres maltratadas. Pero curiosamente, esas mismas personas cabales  no tienen ningún problema en dar la misión de “proteger” a los civiles libios a ejércitos que son de hecho maquinarias de asesinato en masa.
Me pregunto cómo van defender a los civiles: ¿los ejércitos que en Iraq han creado una situación que ha originado más de un millón de muertos ? ¿los que en Afganistán han asesinado a miles y generado un escenario en el que han muerto decenas de miles más ? ¿los gobiernos que miran hacia otro lado ante los crímenes de guerra en Gaza o Líbano? ¿los que promueven guerras civiles a lo largo y ancho del continente africano? ¿los que apoyan golpes de estado de acuerdo a sus intereses?  ¿quienes sustentan regímenes como el saudí?


Dejadme deciros que vuestro cheque en blanco a criminales institucionalizados de doble moral me produce horror y asco, pues la diferencia entre un pequeño carnicero y un industrial de la muerte es tan solo de magnitud.

Vosotras y vosotros, tan humanitarios, tan pacifistas, tan ecologistas, elegís estar del lado de los grandes criminales al alimón de los medios goebbelianos que nos hacen creer que lo que es simplemente la defensa de los intereses energéticos y/o geoestratégicos, se convierta por el arte del maquillaje propagandístico en una guerra moral y humanitaria.

Yo, personalmente, sospecho de vuestra  moralidad de primer mundo y no me trago que los asesinos  impidan que no se asesine.

Es difícil competir con toda la batería de medios de (des)información y entretenimiento que modelan la conciencia colectiva, pero la izquierda debe esforzarse en transmitir la verdadera naturaleza de este nuevo tipo de guerra, que aprendiendo de los errores comunicativos de la de Irak, se viste con ropajes humanitarios para convencer a los que de manera bienintencionada acaban apoyando el viejo engranaje militarista de la OTAN. 
Y esta organización, no tiene nada de humanitaria.

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